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“Colombia tiene una enfermedad muy grave y un manejo económico desacertado”.

Para el director del Centro de Estudios Económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, Eduardo Sarmiento Palacio, está claro que la persistente equivocación del Gobierno nacional en la predicción de un fenómeno como el coronavirus, indica que no tiene una buena teoría para enfrentarlo. Análisis económico de la situación actual del país.

Por: Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito.

Entrevista

¿Cómo ha cambiado la pandemia la economía del país?

Su aparición generó una situación de salud pública muy complicada porque se trata de una enfermedad creciente, que no se sabe exactamente cómo es y que, de acuerdo con la evidencia histórica, ha causado enormes daños y situaciones imprevistas.

La evolución del coronavirus no corresponde con las previsiones oficiales. Existe una famosa curva que dice que cuando el virus aparece aumenta durante un periodo, llega a un pico y luego cae, entonces se tiene una especie de campana, tal como sucedió en España e Italia; sin embargo, creo que en Colombia se falló en la atención de la situación: llevamos más de seis meses con un número creciente de infectados y con el pico de la curva no parece que se vaya a acertar en las proyecciones del Gobierno nacional.

Cuando usted se equivoca persistentemente en la predicción de un fenómeno es porque no tiene una buena teoría para enfrentarlo y eso es lo que está ocurriendo en este momento; la enfermedad apareció en el país tiempo después de que llegara a Europa, donde ya fue controlada y nosotros lo único que tenemos claro es su agravamiento.

Por otro lado, el coronavirus ha llevado a decisiones económicas muy fuertes, la más severa fue la cuarentena decretada a finales de marzo, cuando prácticamente se le prohibió a la gente producir y generar consumo. Fue la determinación más drástica que se pudo tomar, pues rompió la relación entre producción e ingreso en una economía en la que la gente con el ingreso que genera adquiere los bienes y servicios. Esto cambió totalmente el funcionamiento de la economía y le abrió las puertas a la recesión.

Los datos del DANE muestran en abril y mayo caídas del 16 % en la producción, mientras que veníamos creciendo a tasas del 3 % anual. La situación más dramática se da en el empleo porque cayeron la producción industrial, la construcción, los hidrocarburos y eso se refleja directamente en la empleabilidad. Se perdieron más de siete millones de empleos en dos meses, la mitad de ellos porque las empresas no están produciendo, y la otra mitad porque la gente, desilusionada, ha dejado de buscarlos, lo que ha precipitado aún más la crisis.

No hemos entendido realmente lo que significan la cuarentena y la pandemia para la economía; se han tomado unas medidas relativamente improvisadas y en este momento lo que hay es una devastación de la economía porque las actividades productivas disminuyen en lugar de aumentar, una situación difícil de corregir, sobre todo porque el país ha tenido dificultades históricas de empleo, lo que demuestra que hubo fallas en el diagnóstico y que la recuperación de la economía será extremadamente lenta.

"Se tiene una enfermedad muy grave y un manejo económico, a mi juicio, desacertado, dado que no se está viendo en la realidad lo que decía el Gobierno que iba a pasar en materia de salud y economía, porque fallaron las concepciones, las teorías y las predicciones".

Eduardo Sarmiento Palacio.
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¿Cuáles son los sectores económicos más golpeados?

Los servicios, restaurantes, hoteles, turismo, que aún están prácticamente cerrados, inactivos, pero otros como la construcción y la industria están tremendamente golpeados. La industria, un sector vigoroso, que incluso ha sido uno de los más favorecidos y donde están las actividades más grandes, cayó 20 % en dos meses; igual sucedió con la construcción, que cayó el 50 % y es el que genera más empleo y demanda más productos y servicios, además de proveer vivienda a los colombianos que quieren consolidar su patrimonio.

¿Cómo debería generarse el salvavidas para la economía colombiana?

Eso lo han tratado de hacer. El Gobierno planea un déficit fiscal para este año de 8,2 %. Son como $80 billones destinados a darle ayudas a la gente y apoyar a las empresas para remplazar la suspensión de la producción y el consumo con apoyo oficial, pero, tal como cité en mi columna de El Espectador de principio de mes, esa política no funcionó porque es dinero que en cierta forma no ha entrado a la economía, no ha pasado por los bancos y no ha ingresado como utilidad para las empresas, que al mismo tiempo han evitado endeudarse porque no saben qué va a pasar con la producción.

Esto quiere decir que probablemente este año la economía colombiana decrezca en un orden del 10 % la producción y eso no se había visto nunca; que el desempleo aumente de 10 a 20 % y que se presente un gran número de quiebras en las empresas. Estamos ante esa evidencia y, además, ante una crisis de salud muy profunda, agravada por un manejo improvisado, sin experiencia, que no ha logrado contrarrestarla y que también falló en sus diagnósticos teóricos.

¿Cuánto tiempo le va a tomar al país recuperarse?

Eso es muy difícil saberlo. La caída de la economía no será sólo este año, ya que el próximo, si no se corrige el proceso de ajuste, no habrá rebote y se extenderá a los próximos años. De manera que se tiene una enfermedad muy grave y un manejo económico, a mi juicio, desacertado, dado que no se está viendo en la realidad lo que decía el Gobierno que iba a pasar en materia de salud y economía, porque fallaron las concepciones, las teorías y las predicciones.

La responsabilidad pasa por los que recomendaron la cuarentena, desde los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hasta el equipo económico del Gobierno que decretó la emergencia económica.

¿Cómo define el manejo fiscal durante la pandemia?

Es un tema fundamental; son los recursos del Estado para afrontar situaciones regulares de funcionamiento de la economía, y también para atender emergencias. La política fiscal es clave para solventar problemas en el sector privado o situaciones imprevistas, y bien manejada, puede convertirse en un poderoso elemento compensatorio.

Por ejemplo, cuando se presenta un aumento en la inflación, a través de la política fiscal se puede detener el fenómeno, o si ocurre un desastre natural, cae el precio del petróleo o se disminuyen las exportaciones. Esa política es la base de la regulación económica para mantener en pie la economía, que en el caso de la crisis sanitaria no dio los resultados esperados, razón por la cual tenemos caídas en la producción, el empleo y el nivel de vida de la población en general, muy superiores a los que el Gobierno anticipó o que inicialmente se pensaba que iban a ocurrir.

Actualmente llevo a cabo una investigación para establecer la falla teórica de las políticas económicas que impidió que evitó que tuviera los efectos previstos y me temo que la teoría política existente sea la responsable. Incluso juicios como los del profesor Paul Krugman, que decía que el confinamiento podía contrarrestarse simplemente con la política fiscal. Esto podría tener algún sentido en países desarrollados, pero en Colombia, dadas las condiciones de distribución del ingreso, no había ninguna posibilidad de que esa política fiscal compensara los terribles efectos del confinamiento.

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Se habla de ingresos adicionales del 2 % del PIB a partir del 2022 o de una nueva reforma tributaria. ¿Cuál es su posición frente al tema?

Decir 2 % del PIB es mencionar una cantidad considerable de plata; son como $20 billones, pero aun así no son nada en comparación con el déficit fiscal de 8,2 %, que alcanza casi $80 billones en grandes gastos de compensación a los sectores más vulnerables, apoyos a las empresas y grandes inversiones en el sector de la salud. El Gobierno pensaba que el efecto grande se iba a dar únicamente este año y que el siguiente sería de recuperación, pero no. La enfermedad se ha alargado y todavía tenemos un elevado nivel de contagio, no se ha alcanzado el pico. Las medidas y el diagnóstico económico no funcionaron adecuadamente, de manera que la caída de la economía va a ser más grande que la imaginada a principio de año y mucho mayor que la calculada a mediados.

Los efectos dañinos están fundamentalmente en la destrucción y en la caída del ahorro nacional y se van a extender al 2021. En términos de cifras yo pensaría que este año el producto nacional va a caer un 10 %; el desempleo va a estar por encima del 20 % y los índices de equidad medidos en la pobreza y en la distribución del ingreso se van a deteriorar en forma considerable. Por lo demás, la economía quedará maltrecha con bajos índices de crecimiento y del desbordamiento del desempleo.

Una de las grandes fallas de América Latina, que ha hecho que el manejo sea más complicado que en otros países, son las enormes desigualdades sociales; entonces, en ese caso el confinamiento fue dramático porque muchas personas, como los trabajadores informales, quedaron sin empleo y sin ingresos para atender sus necesidades básicas y debido a que los gobiernos tuvieron que destinar grandes cantidades de recursos para apoyarlos, la crisis es y será más fuerte en esta región del mundo.

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El confinamiento en países donde la gente recibe ingresos mínimos y otros los devengan por debajo del salario mínimo, se vuelve totalmente destructivo, pero no para ahí, porque obliga al gobierno a utilizar sus recursos en compensar a la gente que ha dejado de producir y de trabajar. Durante 30 años tuvimos una economía muy inequitativa pero crecía y aumentaba el empleo, con una actividad productiva aceptable. Eso no sucederá este año ni el siguiente y, tal como cito en mi libro Teorías del crecimiento y la distribución para una nueva era, cuando países como Colombia afrontan crisis, el conflicto entre producción, empleo y equidad se agranda y sólo podrán progresar con inequidad o disminuyendo su crecimiento económico.

Esa situación podría remediarse con un cambio del modelo económico, modificando el sistema de comercio internacional para que dejemos de ser un país que tiene un gran déficit en cuenta corriente financiado con crédito externo y pase a ser una economía superavitaria, en la que el sector externo genere más ingresos de los que recibe y pueda ofrecer grandes oportunidades de empleo y mejores salarios, más acordes con los de países desarrollados. Adicionalmente, se requiere una política social de transferencias que llegue al 40 % más pobre en una proporción similar.

Después de haber elaborado este libro durante más de dos años, encuentro que el porvenir y las posibilidades del país están precisamente en arreglar estas condiciones con un modelo económico que brinde crecimiento y empleo, fundamentales para la modernización y el progreso y para reducir rápidamente las desigualdades de la sociedad. Esa conciliación se puede hacer y es lo mejor que puede suceder en una crisis como la actual; hay que hacer un gran acuerdo nacional para cambiar el modelo económico y tornarlo en un sistema con capacidad para reducir la inequidad dentro de un marco de crecimiento de la producción.

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¿Reforma tributaria o no? ¿Revisión de IVA, nuevas reglas de mercado?

La economía queda muy maltrecha por el déficit fiscal, el Gobierno no tiene dinero y está acudiendo al endeudamiento, que son gastos que ha hecho y no ha pagado y créditos entregados a las empresas que no se sabe cómo administrarán. A principios de este año se programó un déficit del 2 %, pero al darse la pandemia subió al 6 % y luego al 8,2 % y la Comisión Fiscal, que es la que limita esa facultad del Gobierno, en lugar de discutirlo y buscar alguna conciliación, simplemente eliminó la regla fiscal y otorgó libertad total para que lo hiciera.

El Gobierno proyecta para el año entrante un déficit fiscal de 5,2 %, que son como $50 billones; de tal forma, no sólo tendremos el actual, que en buena parte ya se ha gastado y del cual no hay dinero para cubrirlo, sino que también tendremos que encarar el de 2021, porque la política fiscal no logró parar el desplome de la economía colombiana, pero sí la deja maltrecha y por eso una reforma tributaria de dos puntos porcentuales de PIB reduciría un poco esa falta de recursos, aunque sería algo mínimo, una solución marginal que no se conjura con una reforma tradicional de $20 billones y tampoco resuelve el déficit de los gastos estatales que se vienen en grandes magnitudes.

El país tiene un déficit de balanza de pagos superior al 5 % del PIB, uno de los más altos del mundo, que es aterrador porque para el año siguiente tendremos una economía muy baja, con una caída del 10 % del producto nacional, lo que se traduce en empresas en malas condiciones, índice de desempleo de más de 20 % y un Estado con enormes deudas e insolvencia financiera. A mi juicio, esta es la crisis más severa que ha afrontado Colombia en los últimos 50 años, que si bien es manejable, requiere un gran entendimiento de la situación y un gran esfuerzo intelectual y económico de toda la nación.

¿Cuál cree que es la herencia que deja esta pandemia?

Estas pandemias no son nuevas; la más reciente fue la de 1920, que se llamó la gripe española y dejó 50 millones de muertos. Durante el último siglo se aprendió que pandemias como el coronavirus pueden ser entendidas y afrontadas. En el caso de Colombia y América Latina, tenemos situaciones especiales porque la enfermedad ha durado mucho más de lo que se podía pensar y a estas alturas no tenemos claridad sobre cuándo se van a alcanzar los picos y se frenará el contagio definitivamente.

Yo creo que quedará un gran aprendizaje sobre cómo actuar frente a estos virus, tanto en el diagnóstico como en las políticas económicas y sociales; la forma en que se debe abordar el dilema entre salud y economía y la necesidad impostergable de reducir las desigualdades de la sociedad colombiana. Probablemente, tendremos un mundo temeroso después del coronavirus, pero con la experiencia de una crisis que debe dejarnos enseñanzas para el futuro y la posibilidad de tener que acostumbrarnos a convivir con ellas porque pueden volver a suceder en cualquier momento.

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