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Pandemia, más de un año de cambios

El 2020 llegó cargado de desafíos y se despidió con una oleada de escepticismo e interrogantes.

El 2020 llegó cargado de desafíos y se despidió con una oleada de escepticismo e interrogantes. Desde el 6 de marzo, día en que se anunció el primer caso de contagio en el país, todo cambió.

La vida no volvió a ser la misma. Se implantaron como obligatorios el uso del tapabocas y el confinamiento, se le dio la bienvenida a la virtualidad, se alteraron las dinámicas laborales, económicas, se adoptaron estrictos esquemas de bioseguridad, en otras palabras, se redefinió la interacción social como la nueva cotidianidad y los hogares pasaron de ser esos espacios de ocio e intimidad, para convertirse, además, en los lugares de trabajo.

La educación, sin duda, fue uno de los sectores más afectados. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en más de 190 países, todas las instituciones educativas fueron cerradas con el fin de evitar la propagación del virus, lo que obligó a poner en práctica el modelo de aprendizaje a distancia, mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas (con o sin uso de tecnología). Colombia no fue la excepción y solo hasta este primer trimestre del año 2021, se está comenzando a reactivar el sector educativo.

La Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, una institución que valora la presencialidad desde hace 48 años, tuvo que adaptarse; sin embargo, gracias a la infraestructura tecnológica que posee la institución, fue posible mantener la operación en la modalidad remota y continuar con la formación personal y profesional de los jóvenes.

“El desafío realmente es adaptarse a las diferentes formas de aprender desde estos formatos remotos, un reto que ya se está asumiendo en la resignificación por la que está pasando la presencialidad”, asegura Rafael Alberto Méndez-Romero, Ph.D., graduado de la Escuela del Programa de Matemáticas y actual Director Académico en la Universidad de El Rosario. “Fue un año muy raro, pero, personalmente, siento que la pandemia debería de encaminarnos a ser mejores personas”.

La Escuela entiende que como institución es un medio en el cual se forman conocimientos y, por ende, va más allá de un salón de clase, constituyendo una razón de encuentro para la cocreación de saberes. En sí, funciona como un laboratorio de ideas. No obstante, el cambio brusco en la metodología y lo abrupto que ha resultado entender(nos) en la nueva forma en que el mundo se presenta, es una barrera que aún no se ha pasado.

“Hay que admitir que se está limitando la buena docencia y el buen aprendizaje. La metodología ha cambiado y esta se ha ido viendo como fin, desdibujando el factor social”, asegura el doctor Jairo Romero Rojas, Director de la Especialización en Saneamiento Ambiental. “Es inquietante ver la transformación que ha tenido la pandemia en nuestras vidas, pero hay que admitir que esta ha sido una oportunidad para seguir innovando, experimentando y descubrir nuevas formas de detectar virus y prevenir contagios”.

La vida en la universidad, como primer acercamiento al mundo profesional, es clave, explican los académicos. Además, dispone de una facilidad maravillosa para entablar vínculos con compañeros y maestros íntegros que hacen de guía en cuestiones tanto académicas como personales. Por esta razón, aclara el profesor Romero Rojas, la Escuela siempre ha velado por la excelencia en el desarrollo de las labores y por el crecimiento personal constante de cada uno de sus integrantes.

En otras palabras, estar frente a desafíos como los traídos por la incertidumbre que acompaña la pandemia ha sido una oportunidad de crecimiento tomada muy de cerca que ha llevado a la institución a identificar necesidades, explorar nuevas perspectivas y a valorar nuevas competencias que se han vinculado al actuar constante pero asertivo del quehacer diario.

“Por mi parte, pude regresar a lo elemental, recordé que todo y lo único que tengo es lo de hoy y aprendí a reconocer el carácter de persona entre los que me rodean”, confiesa el matemático Méndez-Romero. “Fue un regreso a mis orígenes en el que reconocí la importancia de lo que soy en consonancia con lo que puedo ser”, admite.

En cuestión de meses la humanidad tuvo que encapsularse en sus hogares para poder sobrevivir. Salir a la calle, compartir un saludo, un abrazo o una sonrisa, ya no era la norma sino la excepción. Cambiaron las formas de relacionarnos, de vivir o de despedir a un ser querido. La humanidad se ha transformado en nuevo habitante de este planeta, capaz de manejar la incertidumbre, el hoy, el mañana.

La Escuela sigue adelante, aprendiendo y enseñando. Por un lado, los resultados de la vacunación masiva aún no se ven y, por otro, las mutaciones del virus pintan futuros inciertos. Sin embargo, en un esfuerzo colaborativo, en el que no solo se forma, sino que se pone en práctica lo aprendido y ya conocido, se sigue luchando conjuntamente por lograr cambios en lo convulso del presente. Seguimos aprendiendo y no nos olvidamos de nada ni nadie.

¡La Escuela siempre se mantendrá cerca!