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Altair

Derroche de ciencia, tecnología e ingenio

Lo que parecía ser un tradicional encuentro de estudiantes de colegios, en el campus de la Escuela Colombiana de Ingeniería, se convirtió en un despliegue de ciencia y tecnología por cuenta del ZAGI AESS RACE, competencia de drones de ala fija que atrajo a estudiantes y familias de todo el país, al igual que el Taller de Cohetería.

Por: Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito

No es fácil describir un evento como el que se vivió el fin de semana en la Escuela.

Cualquier palabra se queda corta para detallar la emoción que produjo en los asistentes ver llegar familias enteras desde departamentos y regiones apartadas de Colombia como Caquetá, Magdalena o Cauca, a participar de un evento que para ellos lo es todo, porque sencillamente significa la sumatoria de lo que les gusta en la vida: el Encuentro ZAGI AESS RACE de ciencia, tecnología, innovación y drones.

En otras palabras, el tema aeroespacial, que este año se llevó a cabo en el campus de la universidad en el marco del Encuentro de Estudiantes 2022 de la Escuela.

Y era eso, un Encuentro de Colegios organizado por la Jefatura de Promoción Institucional, donde los jóvenes aprenderían de Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas, Administración de Empresas y Economía, para empezar a convertir en realidad sus sueños de ser profesionales.

Sin embargo, un día soleado bañó las alas fijas de los drones que hacían gala de su autonomía, estabilidad y aerodinámica, despegando y aterrizando cual cometas tecnológicas en los campos de fútbol de la Escuela, construidos con materiales resistentes de vistosos colores y operados por jóvenes oriundos de diversos rincones de la madre Patria. Todo junto se convirtió en un espectáculo inolvidable, que contó con la presencia de autoridades de la Fuerza Aérea Colombiana, el Capítulo Colombiano de la Sociedad de Sistemas Electrónicos y Aeroespaciales del IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers), universidades, colegios, orgullosos padres de familia y profesores consagrados.

Motores, hélices, estaciones de control, sensores de velocidad, trenes de aterrizaje, cintas adhesivas, tornillos y muchas herramientas, crearon la conciencia de que cuando se habla de drones, no sólo se hace referencia a los típicos modelos diseñados para el ocio, sino que se trata de instrumentos cuyas aplicaciones van desde la fotografía aérea, hasta la seguridad nacional, pasando entre otros, por temas de aspersión agrícola.

Fueron dos días de actividades que se convirtieron en la mejor muestra de creatividad, ciencia y el mayor impulso a los proyectos aeroespaciales colombianos, que nacen desde la academia, de la mano de jóvenes cuyo futuro seguramente estará signado por la tecnología.

A las pruebas de vuelo de drones categoría básica se le sumó la singular competencia y exhibición de vuelo y carrera de drones en categoría PRO (FPV), concebidos y construidos por estudiantes de universidades del país invitadas al evento.

A la velocidad de un dron

En tan solo siete días, un grupo de estudiantes de la Escuela Colombiana de Ingeniería, que cursan ingeniería industrial, electrónica, mecánica y eléctrica y cuyas edades no superan los 22 años, consolidaron un equipo de trabajo al que denominaron Altair, que terminó por sorprender al grupo de jurados del Encuentro ZAGI AESS RACE.

Lo hicieron con un prototipo de ala fija de un metro y 20 centímetros de largo, 800 gramos de peso y dos alas extras, que lograron construir a la velocidad de un “dron”. No fue un reto menor, pero ellos, como todos unos ingenieros que pronto recibirán su título profesional, supieron sortear todo tipo de inconvenientes y con el apoyo de sus profesores y la solidaridad de sus compañeros de clase lograron lo impensable, participar en una competencia para la que generalmente los equipos se prepararan con seis meses de antelación.

Sin duda, una carrera contra el tiempo que dio sus frutos pues en la categoría RF en la que participaron se llevaron el tercer lugar. El primero lo obtuvo el Grupo ERA (Electrónica, Robótica y Automatización) de la Universidad Industrial de Santander y el segundo fue para ESUFA (Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea).

Altair

¿Ganaron? ¡Por su puesto! Según ellos, esta carrera fue una demostración de destreza, profesionalismo, independencia, ingenio, resiliencia, valor, inteligencia, creatividad, conocimiento, ganas y corazón. La estudiante Daniela Torres, por ejemplo, propuso acertadamente el nombre del equipo. “Siendo Altair la estrella alfa de la constelación Águila, la que más brilla en el firmamento, tenía que servirnos para denominar nuestra nave”.

Erick Naranjo, estudiante de ingeniería electrónica, líder del Semillero Aeroespacial de la Escuela, puso su moto recién comprada y toda su pericia para llegar hasta los rincones más lejanos de Bogotá, con el fin de conseguir todo lo necesario para armar el dron de ala fija con el que concursaron. “Como estudiábamos en el día, llegaba tarde a los almacenes y tuve que rogar que me vendieran las piezas”, cuenta.

Johnny Vidal, estudiante de ingeniería electrónica, se encargó de liderar el equipo al que también pertenecían, Christian Torres, estudiante de ingeniería electrónica, líder del Semillero de Robótica, Jeisson Velandia (diseño), Paula Rodríguez, Daniela Torres, David Gutiérrez, David León, Juan Sebastián Estupiñán, el estudiante de ingeniería eléctrica, David Durán, piloto profesional de drones y el profesor Danilo Andrés García Hansen.

Encuentro de colegios y zagi race día 2 (6)

El apoyo económico de la Escuela y de la astronauta análogo Giovanna Ramírez, graduada de la Escuela, les permitió a cada uno de estos jóvenes echar a volar sus sueños y aunque no se llevaron “la de oro”, aseguran que están más que felices de haberse presentado como un grupo de ingenieros unido, organizado, un verdadero equipo Zagi listo para arrasar con la competencia del próximo año.

“Logramos lo más importante, motivar a los jóvenes de las Escuela para que sigan trabajando en la construcción de sus sueños, sin importar cuánto trabajo demande o cuánto tiempo les lleve”, dijo Johnny Vidal.

Desde Florencia, Space G

Según los mapas y la internet, Florencia (Caquetá) está a 546 kilómetros de distancia de Bogotá, unas nueve horas y media de tiempo de recorrido, aproximadamente. En la vida real, dice Leydi Dayan Plazas Sanchéz, ella y su familia gastan 18 horas para llegar a la capital de la República cada vez que tienen una competencia o presentación de sus drones.

Leydi, su esposo Paolo y sus hijos Johan y Gabriela, al igual que el ingeniero Willman, hacen parte del equipo Space G, que este año participó del Encuentro ZAGI AESS RACE y que en la categoría de Inteligencia Artificial ocupó el tercer lugar.

ENCUENTRO COLEGIOS

Al igual que los estudiantes de la Escuela, su propósito en el certamen va más allá de ganar un premio. Quieren salir adelante por sus sueños, demostrarles a sus hijos que conseguir lo que se anhela no es fácil pero si es posible y que cada día se aprende algo importante para el resto de la vida.

Pero eso ya lo saben los muchachos. De tanto ir y venir en eventos de corte aeroespacial, saben que sus sueños van hasta el infinito y más allá. Con solo ocho años de edad, Gabriela es una pequeña genio, dueña de ideas innovadoras, capaz de cambiar su mundo y el de los demás. No en balde, el año pasado creó un satélite que les permite a dos de sus amigas ciegas, escuchar historias del espacio, como aquellas que cuentan dónde está el sol, la luna, las estrellas y los planetas.

De su clase de biología aprendió que existen 14 especies de guacamayas, una de las aves insignes de su región, y que seis de ellas ya se extinguieron, por eso les propuso a sus padres llamar a su equipo “Macaw”, la especie que se distingue por la belleza de su plumaje de color rojo, escarlata, amarillo y azul, para llevar un mensaje de protección para estas aves amenazadas por los seres humanos.

Encuentro de colegios y zagi race día 2 (12)

Su hermano, por su parte, viajará en los próximos días a su graduación como piloto en Miami (USA) y seguirá con sus clases de ingeniería electrónica al tiempo que le saca provecho al título de tecnólogo en electrónica automotriz del Sena.

Laydi, psicóloga y estudiante de Derecho y su esposo Paolo, un ingeniero industrial, dueños de una empresa familiar de venta de repuestos para maquinaría agrícola en Florencia, saben que seguirán trabajando duro para que sus hijos logren sus sueños. Gabriela quiere ser astronauta como Giovanna Ramírez y Johan hacer prototipo de drones para venta.

Prueba de ello es que durante la competencia mostraron una innovación que tiene que ver con los joysticks (palanca o mando de radiocontrol del dron) para eliminar el uso de la radio frecuencia.

Al infinito...

Carlos José Vergara Forero le pidió a Dios con todas sus fuerzas que los organizadores lo eligieran para ser uno de los niños que pudiera elevar su cohete, minutos después de haberlo construido. Se trataba de una nave cuya estructura era una botella de plástico de 2 litros, pintada con temperas de colores, alas de cartulina (otras utilizaron pedazos de carpeta plástica) y ondeantes banderas de papel.

ENCUENTRO COLEGIOS

“Le pedí que mi cohete fuera el que más se elevara, hasta las nubes y Dios me hizo caso”, dijo el pequeño de seis años de edad, quien vivía su aventura al lado de mamá y unos amigos. Estudiante del Gimnasio Británico, dice que le apasionan las ciencias y sueña con construir cohetes de verdad. Su nave finalmente logró elevarse más de 17 metros.

El NTS 22, propiedad de Sara, Nicolás y Tatiana, prácticamente alcanzó los 20 metros de altura y se convirtió en la sensación. “Es excitante meterse en este tema del espacio, genera emoción aprender y cumplir una meta, sentirte orgulloso de que lo hiciste”, dijo Tatiana, estudiante del Colegio Eucarístico Villa Guadalupe.

ENCUENTRO DE COLEGIOS

Al igual que ellos, Joan Daniel Sandoval del Liceo Campestre Thomas de Iriarte (Subachoque, Cundinamarca) y Mateo Villareal, estudiante del Colegio La Presentación de Santa Marta, se divirtieron creando su propia nave. Con solo diez años, Mateo tiene claro que quiere estudiar ingeniería electrónica, por eso no dudó en aceptar la invitación de la astronauta colombiana Giovanna Ramírez, a participar del Encuentro de Cohetería “Mi primera nave espacial”, una actividad sin precedentes, emotiva, cálida y pintada de ciencia, creatividad e ingenio.

Durante el evento, todas las familias disfrutaron una mañana de magia que los conectó con el espacio mientras construyeron y volaron al lado de sus hijos las aeronaves.