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BANNER PENTREGA PLAZOLETA DE FUNDADORES - UNIVERSIDAD ESCUELA COLOMBIANA DE INGENIERÍA JULIO GARAVITO

"La piedra no es el verdadero homenaje": así inauguró la Escuela la Plazoleta de los Fundadores

Con los fundadores vivos, sus esposas e hijos, y las familias de quienes ya partieron, la Universidad Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito le dio un lugar permanente a la memoria de los diez ingenieros que la soñaron hace más de cinco décadas.

Plazoleta de los fundadores

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Hay inauguraciones que cortan una cinta y hay inauguraciones que cierran un círculo. La de este 24 de julio fue de las segundas. En el corazón del campus, la Universidad Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito develó su Plazoleta de los Fundadores, un espacio pensado no para celebrar una obra, sino para agradecer una historia: la de los diez ingenieros y profesores que, hace cincuenta y cuatro años, decidieron imaginar una universidad que todavía no existía.

Al acto, presentado por la secretaria general de la Escuela, ingeniera Patricia Salazar Perdomo, asistieron los fundadores que hoy siguen con vida, acompañados de sus esposas e hijos, y también las familias de quienes ya partieron —esposas, hijos y nietos que llegaron a representar, cada uno, un nombre que hoy quedó grabado en piedra.

Memoria como legado

La Rectora Myriam Astrid Angarita Gómez contó que la idea de la plazoleta nació de una convicción personal, desde que asumió la Rectoría: la de crear "un lugar permanente para agradecer a quienes hicieron posible esta extraordinaria institución". Explicó el simbolismo completo del espacio —el muro que conserva parte de la Declaración de Principios fundacional, el agua que representa un conocimiento que nunca se detiene, los tótems que iluminan el camino de la Escuela como faros, las bancas de granito que invitan a detenerse a pensar, y el árbol que crece junto a la plazoleta como testigo del tiempo— y fue más allá: dijo que esta obra está pensada, sobre todo, para los estudiantes que pasarán por allí cada día y que, algún día, se detendrán a preguntarse quiénes fueron esos nombres grabados en piedra.

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La Rectora Angarita Gómez reconoció también al arquitecto Ricardo Quintana Ramírez como el intérprete exacto de esa idea: "supo transformar una visión institucional en una obra llena de significado", dijo, agradeciéndole en nombre de toda la Universidad.

Y entonces llegó el momento central del acto: el homenaje, uno por uno, a los diez ingenieros y profesores fundadores de la Universidad: Luis Guillermo Aycardi Barrero, Jorge Eduardo Estrada Villegas, Manuel García López, Gonzalo Jiménez Escobar, Ernesto Obregón Torres, Armando Palomino Infante, Ricardo Quintana Sighinolfi, Ricardo Rincón Hernández, Alejandro Sandino Pardo y Jairo Uribe Escamilla.

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A ellos se sumó el reconocimiento a los benefactores que confiaron en su sueño: Jaime Michelsen Uribe, Bernardo Pizano de Brigard, Javier Ramírez Soto, Bernardo Sáiz de Castro, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Ignacio Umaña de Brigard y Luis Alberto Serna Cortés, gracias a quienes la Escuela abrió sus puertas en 1973.

La Rectora cerró su intervención con una frase que quedó resonando entre los asistentes, muchos de ellos con los ojos húmedos al escuchar el nombre de un padre, un esposo o un abuelo: "hoy sus nombres quedan grabados en esta plazoleta. Pero la piedra no es el verdadero homenaje. El verdadero homenaje será que las generaciones futuras continúen viviendo los principios que ustedes hicieron realidad".

Memoria como brújula, no como ancla

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Javier Botero Álvarez, presidente del Claustro y del Consejo Directivo, puso el homenaje en perspectiva histórica. Recordó que los fundadores "no fueron simplemente los creadores de una universidad", sino personas capaces de interpretar su tiempo y de imaginar una institución distinta, con la convicción de que la educación de excelencia era indispensable para el desarrollo del país.

Botero fue enfático en que la memoria de los fundadores no puede convertirse en un lugar cómodo desde donde mirar hacia atrás: "la memoria no debe ser un ancla que nos inmovilice.

Debe ser una brújula que nos oriente y un faro que ilumine el camino hacia el futuro", afirmó. Y remató con la idea que mejor resume el sentido del homenaje: "la mejor manera de honrar su legado no es repetir sus decisiones. Es emular su capacidad para imaginar el futuro y tener la determinación de construirlo".

Una idea nacida del agradecimiento

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El arquitecto Ricardo Quintana Ramírez, hijo de uno de los fundadores e intérprete de la obra que hoy ocupa el lugar central de la institución, tomó la palabra al final. Su intervención fue, ante todo, una carta de gratitud: "este proyecto nace de la necesidad inmensa de agradecer, agradecer y agradecer", dijo, antes de nombrar uno por uno a los fundadores por su nombre de pila, con la familiaridad de quien creció escuchándolos en su propia casa.

Quintana explicó que la plazoleta no busca ser un monumento frío, sino "un espacio de tributo, de memoria, serenidad, cercanía y calidez", y desentrañó el significado de cada uno de sus elementos: el tótem, que representa la identidad y los valores de cada fundador; el muro, "sólido y permanente", que guarda la razón de ser de la Escuela; el agua, que fluye sin límite como el conocimiento mismo; y los cinco cubos, testigos del tiempo, uno por cada década de historia. Cerró con una dedicatoria que no necesitó adornos: "por ti, papá, mi maestro y mi ejemplo por excelencia".

Con esa promesa, la Escuela Colombiana de Ingeniería cerró un día que empezó con robots presentándose ante sus profesores y terminó con diez nombres, tallados en piedra, recordándole a toda una comunidad de dónde viene.