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TERREMONO -PEREIRA

Volvieron de Pereira con el alma pesada, pero trajeron una buena noticia: los colegios se pueden salvar

Lo que más les pesa no es el trabajo técnico, sino las historias humanas que se trajeron —como la del celador que, tras perder a su hijo, sigue cuidando "el colegio de los niños"—. Mientras Bogotá siguió su curso casi de inmediato, en Pereira la emergencia continúa y viene una reconstrucción larga que aún esperan los otros tres grupos.

Voluntariado Técnico

TERREMOTO PEREIRA

Después de varios días en Pereira comenzaron a llegar en vuelos de la Patrulla Aérea Colombiana, Clic Air y Searca los primeros ingenieros que el país envió a Pereira para revisar, uno por uno, los colegios que el temblor dejó en duda.

No vienen cansados por el trabajo —eso, dicen, lo sobrellevan bien—. Vienen cansados de otra cosa, de lo que no se ve en un informe técnico: de lo que encontraron detrás de cada muro que revisaron.

En cinco días recorrieron cerca de 95 instituciones educativas entre la zona urbana y la rural de Pereira. Iban con un objetivo puntual: determinar cuáles edificaciones son habitables, cuáles necesitan restricciones parciales y cuáles requieren un cierre temporal. El trabajó se logró en más de un 95 %.

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Y aunque el balance técnico trae alivio, el balance humano es el que se quedó con ellos en el vuelo de regreso.

"Muy feliz de poder aportar un granito de arena dentro de esta gran emergencia y apoyar a los ciudadanos de Pereira", dijo el ingeniero Alejandro Chisco, uno de los que integró la primera comisión. "Se cumplieron las expectativas, pudimos revisar gran parte de la infraestructura educativa, se hizo la clasificación dependiendo de la habitabilidad, y le aportamos eso al municipio".

La noticia, en medio de todo, es esperanzadora. Lidy Katerine Mendoza Díaz, ingeniera civil lo resumió así: "Muchas de las edificaciones las encontramos con algunos daños leves, se puede dar habitabilidad, que es lo más importante, también sacar a los niños de ese estrés en el cual están y poder hacer que ellos puedan retornar a sus clases". Según explicó, hay zonas puntuales dentro de algunos colegios con acceso restringido, pero la gran mayoría de los estudiantes de Pereira podrá volver a las aulas.

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El ingeniero Luis Piñeros, encargado de la inspección de sedes educativas, lo confirmó con el lenguaje frío de su oficio y con el otro, el que no cabe en ningún formulario: "Estructuralmente no encontramos mucho daño; no obstante, por la antigüedad de las edificaciones o por algunas prácticas constructivas, los elementos no estructurales sí sufrieron algún grado leve o moderado de daño". Eso significa, explicó, que algunos salones deberán permanecer cerrados un tiempo, mientras se garantiza que sea seguro volver a usarlos.

Pero hay una parte de la misión que ningún informe alcanza a contar completa. Es la que Piñeros recuerda cuando le preguntan qué fue lo que no lo dejó dormir esa noche: hablar con la gente. Con los conductores, con los funcionarios de la Secretaría de Educación y de Gestión del Riesgo que los acompañaron por Pereira.

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"Les preguntábamos: ¿dónde le agarró el sismo? ¿Qué estaba haciendo? Y varias de sus historias eran bastante conmovedoras". Una de ellas se le quedó grabada: la del último conductor que los llevó, quien contó que estaba a punto de entrar a tanquear su carro cuando sintió el primer movimiento.

Un muchacho que atendía la estación de servicio alcanzó a moverse justo a tiempo, segundos antes de que el techo del lugar se desplomara. "Él está bien", dijo Piñeros, "pero el susto…". No terminó la frase.

Hubo otra historia que, según contó una de las ingenieras del grupo, atravesó a todo el equipo. En uno de los colegios se encontraron con el celador, un hombre que había perdido a su hijo en la emergencia y que, aun así, seguía ahí, cuidando la institución.

"Él decía: es el colegio de los niños, y yo quiero cuidar este colegio, así como cuidaron a mi hijo", relató la ingeniera, todavía visiblemente afectada. "Me tocó mucho el corazón".

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El ingeniero Sebastián Gamboa resumió lo que esta misión les dejó, más allá de los planos y los informes técnicos: "Logramos identificar muchas malas prácticas constructivas. Siento que venimos siendo ya unas personas más conscientes de la responsabilidad que tenemos nosotros como ingenieros, y como ingenieros estructurales". Su colega Camilo Burgos coincidió en algo más simple, casi una regla de vida: "Lo más importante es poder ayudar a las personas, independientemente de todo el conocimiento que tengamos. Esto se hizo, relativamente, para poder ayudar a las personas".

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Kevin Andrés Tami Torres, profesor catedrático de la Escuela cerró el balance con una frase que, dice, se repitió entre ellos más de una vez durante esos días en Pereira: "El derecho a la educación, finalmente, es un derecho fundamental —la vida, la educación, el agua, la comida—. Es bastante gratificante saber que uno pudo haber colaborado para agilizar procesos, y que la comunidad siempre fue bastante agradecida".

En Bogotá la tierra también se movió, pero aquí la vida siguió su curso casi de inmediato. En Pereira no. Allá la emergencia continúa, y detrás de ella empieza apenas una reconstrucción que va a tomar tiempo, paciencia y muchos más equipos como este.

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Este es solo el primero de cuatro grupos que el país envió a revisar la infraestructura educativa de la región. Los otros tres siguen en terreno, o están por salir.

Como dijo una de las ingenieras a quienes recién empiezan esta carrera: "Que hagan todo con el corazón, que es lo más importante. Esta es una carrera que no solamente tiene un campo profesional —ver edificios—, sino que también hay una parte humana que no hay que perder".

A Pereira fueron en una alianza de la Escuela Colombiana de Ingeniería yAsocapitales; a Manizales y Armenia partieron profesionales con el apoyo de la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Todos llevan una sola bandera en el corazón: la tricolor.