Señor Presidente de la Escuela Colombiana de Ingeniería,
ingeniero Ricardo Rincón Hernández
Señores Miembros del Claustro de Electores
Señores Miembros del Consejo Directivo
Señores Vicerrectores Académico y Administrativo
Señor Secretario General
Señores Decanos
Señores Directores de Programas de Posgrado
y de Centros de Estudio
Señores Profesores
Querida Familia
Señoras y Señores
El pasado mes de octubre, la Escuela Colombiana de Ingeniería cumplió 37 años de haber sido fundada por un grupo de ingenieros visionarios como respuesta, en un momento histórico, a las dificultades que se presentaban en la formación de ingenieros que contribuyeran al desarrollo humano, social, tecnológico, económico y político del país sin discriminación alguna, excepto por su rendimiento académico, y con profundos principios éticos y morales. Este grupo de ingenieros se comprometió con la puesta en marcha de esta nueva institución universitaria, poniendo en práctica aquello que hoy llamamos “responsabilidad en la formación afectiva, social e intelectual de las nuevas generaciones”. Dieron y siguen dando ejemplo de cuánto se puede hacer por el desarrollo de una institución, por la comunidad universitaria y por la sociedad.
Los fundadores, el Claustro de Electores y los diferentes Consejos Directivos han contado con la excepcional ayuda de 7 rectores que han sabido interpretar la filosofía fundacional en las funciones de la vida universitaria de la Escuela. Hoy, es a mí a quien me corresponde asumir el honor y la gran responsabilidad de liderar una nueva etapa. Lo recibo como un precioso legado de quienes me han antecedido. Tengo el deber de mantenerlo y conservarlo, sobre la base de que no se trata de una labor particular, sino claramente institucional.
Frecuentemente, nuevos directivos al asumir sus cargos desean ejecutar transformaciones radicales en todos los escenarios institucionales. Así lo vemos a menudo en la gestión pública y también en el sector educativo universitario. Los nuevos directivos se imponen la tarea de comenzar programas que podrían implicar cortes abruptos en lo que venían desarrollando sus predecesores. Este no será el caso en la Escuela Colombiana de Ingeniería porque la declaración de los principios fundacionales, grabada en los corazones de los fundadores, de los profesores, de los administrativos, de los estudiantes y en el mío propio, es hoy una realidad viviente en la comunidad académica.
No quiero decir que no habrá cambios en la Escuela, tendrá que haberlos, respondiendo a la esencia de la institución, a lo que es la universidad actual, y a las reformas fundamentales que se están presentando en el panorama de la educación superior en Colombia y en el mundo. Mirando otra perspectiva, debemos reconocer que vivimos una época especialmente convulsionada y marcada por una profunda crisis global, de valores y principios que ha llevado a los países, a sufrir graves implicaciones en el proyecto de vida de los jóvenes, que se extrapolan a los nuestros con consecuencias severas para su desempeño y éxito en la vida.
En medio de estos escenarios generadores de grandes tensiones, la Escuela debe constituirse en agente de cambio social. La generación presente y las futuras esperan que ella sea fiel a su naturaleza e ilumine los cambios que se requieren, para construir una sociedad más justa, equitativa, pacífica y solidaria. Entonces, la tarea es ardua, demanda la participación activa de todas y todos, no solamente de las directivas; también deberán convertirse en actores principales, los profesores, los estudiantes, los funcionarios sin importar el nivel en que se encuentren. Cada uno de nosotros tenemos tareas por cumplir y el asunto es avanzar en ellas mucho más allá de cuanto esperan de nosotros. Para lograrlo, y teniendo como marco los principios de la Escuela, deberemos:
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Fortalecer nuestra identidad con la Escuela, asumir las políticas institucionales como propias y cumplir lo que nosotros mismos hemos construido y formulado en nuestros estatutos, reglamentos y lineamientos, después de 37 años de reflexiones. Empoderarnos de nuestras filosofías y hacerlas realidad nos vigorizará como una comunidad educativa sólida.
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Reafirmar nuestro compromiso con la Institución. Nuestra comunidad universitaria siempre se ha caracterizado por este compromiso, es así como cada uno de nosotros debemos seguir dando lo mejor de si mismos en cada tarea que emprendamos, estar en permanente apertura hacia los cambios, aportar y tener una mirada crítica pero proactiva y constructiva.
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Seguir actuando con equidad y transparencia. Por ningún motivo debemos olvidar el trato cordial, la expresión justa a quien corresponda en el momento oportuno, la sinceridad para abordar los problemas cotidianos y la capacidad para escuchar y encontrar soluciones con las personas directamente interesadas.
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Fortalecer el equilibrio entre las funciones misionales para lograr una armonía entre el deber ser de la formación, la construcción y desarrollo del conocimiento y su relación con el entorno
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Buscar la consolidación de la investigación y una mayor oferta de especializaciones y maestrías.
Nuestro trabajo en formación debe lograr, también, avances en nuevos conocimientos, con productos verificables y visibles y propiciar un ambiente abierto al debate académico entre los profesores de las diversas disciplinas, orientado a desarrollar comunidades académicas internas y a abrirlas hacia otras, tanto en el nivel nacional como en el internacional.
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Fortalecer la calidad de nuestros programas actuales de pregrado y posgrado para el éxito y la formación integral de los estudiantes y continuar con los procesos de autoevaluación y acreditación
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Consolidar la cultura de la planeación con los presupuestos en el marco de nuestra realidad económica, acatando las políticas referentes.
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Desarrollar y lograr una total apropiación del Proyecto Educativo Institucional que genere un impacto en el entorno para contribuir eficazmente al reto académico de alcanzar un alto nivel que se proyecte, en primer lugar hacia toda la Escuela y luego hacia fuera, para competir con altura con las demás universidades colombianas que han dado un salto de calidad y que están en procesos serios de mejoramiento.
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Reforzar los procesos de selección de los aspirantes a ingresar a los programas que ofrece la Escuela mediante la revisión y el establecimiento de políticas que exijan a los futuros profesionales tener el desarrollo adecuado de su pensamiento, los conceptos básicos para asumir los nuevos conocimientos y el convencimiento de que la elección para su vida es la profesión escogida.
Este panorama de los retos que enfrentará la Escuela a corto plazo y que he intentado presentar el día de hoy, es de por si elocuente, para mostrar lo arduo, y complejo de la empresa, por ello reitero que la tarea requiere de todos nosotros, de un esfuerzo personal y una generosa entrega que sólo pueden darse cuando se ha percibido la grandeza de la tarea que nos ha sido encomendada y se ha saboreado la alegría que significa contribuir al bien de los demás, a su elevación intelectual, cultural y espiritual.
Para terminar, quiero pedir a Dios que guíe mis pasos en bien de estos queridos claustros, agradecer a los miembros del Consejo Directivo por reconocer en mí, el trabajo de 35 años en favor de la Escuela y confiarme el timón del barco para conducirlo a puerto seguro.
Colegas y amigos presentes, no les quepa duda de que la Escuela que nos imaginamos, será con la gracia de Dios y el apoyo de todas y todos, una realidad fecunda, como los sueños de los fundadores hace casi 40 años.
Muchas gracias.
Roberto Ríos Martínez
Bogotá, 25 de noviembre de 2009
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