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De acuerdo con lo planteado en los lineamientos
de investigación de la Escuela Colombiana de Ingeniería,
la actividad investigativa desarrollada por la Dirección
de Humanidades e Idiomas se ubica dentro del campo de la investigación
formativa, "entendida como el trabajo desarrollado por
profesores y estudiantes, orientado al estudio de problemas
propios de su campo disciplinar y profesional en sus relaciones
con el entorno, lo mismo que al desarrollo de metodologías
para la aproximación o apropiación del conocimiento",
y que incluye también "el estudio de problemas
relacionados con el proyecto y el proceso de formación".
La Dirección de Humanidades e Idiomas
ha optado por la investigación-acción como el
medio más apropiado para desarrollar dicha investigación
formativa, puesto que, al tratarse de una estrategia investigativa,
cualitativa, social, formativa e interpretativa, basada en
el diálogo, ofrece un marco excepcional para la vinculación
de la investigación, la docencia y la proyección
social.
Dicha estrategia, junto con la concepción
crítica del currículo y el enfoque problémico
transdisciplinar, constituye la forma en que la Dirección
de Humanidades e Idiomas acoge el postulado de la investigación
como objetivo de formación expresado en los lineamientos
curriculares institucionales e integra la investigación
con la docencia y la proyección social.
Los profesores de la Dirección
de Humanidades e Idiomas desarrollan su trabajo a partir de
la integración de los aspectos teóricos y prácticos
de la actividad docente en un proyecto conjunto de investigación.
De acuerdo con este proyecto, basado en la investigación-acción
(action research), la práctica
docente se concibe como la base empírica en la que
descansa la reflexión teórica sobre los modelos
pedagógicos del área. En el contexto de la investigación-acción,
cada clase es un problema (en su sentido más amplio),
cuyas dimensiones e implicaciones son estudiadas por el grupo
de profesores.
Esta práctica se basa en el presupuesto
de que la docencia no consiste en la transmisión y
recepción pasivas de un corpus
de conocimientos establecido y aceptado, ni la investigación
en el aumento cuantitativo de glosas a dicho corpus.
Así, este proyecto pedagógico parte de redefinir
los conceptos básicos de enseñanza y aprendizaje,
de modo que la docencia no sólo se conciba como un
campo abierto a la investigación, sino que ella misma
sea parte de un proceso investigativo.
Enseñar genuinamente es un reto
para el docente, ya que no existe una fórmula válida
aplicable en todos los casos. El docente que asuma este reto
se ve abocado continuamente a buscar, descubrir e inventar
los caminos (es decir, los métodos) tanto para enseñar
genuinamente a sus estudiantes, como para aprender las posibles
formas de enseñar mejor. Así, la investigación
en la docencia tiene una doble dimensión. Por un lado,
las cuestiones pedagógicas, que involucran una enseñanza
y un aprendizaje genuinos por parte del docente y el estudiante,
respectivamente, deben someterse a un proceso continuo de
reflexión y revisión. Por el otro, el profesor
debe estar actualizado con respecto al campo teórico
de su especialización. Evidentemente, estos dos aspectos
de la investigación deben ir de la mano en el quehacer
de un docente, dado que su labor no consiste sólo en
profundizar en una materia dada, sino en encontrar los modos
más adecuados para transmitir esos conocimientos adquiridos
a los grupos de alumnos y para lograr, finalmente, que los
estudiantes sean capaces de construir nuevos conocimientos
a partir de su saber previo y de una investigación
continua.
Así mismo, la consideración
de la docencia desde esta doble perspectiva debe basarse en
el hecho de que la enseñanza o el aprendizaje genuinos
no se reducen a la repetición acrítica, descontextualizada,
de cierta información. De hecho, la selección
misma de la información que el docente está
interesado en transmitir al alumno, o que él desea
que el alumno construya a partir de su saber previo, ha de
estar fundada en criterios e intenciones claras de pertinencia,
relevancia y sentido. Estos criterios sólo pueden ser
el resultado de una actitud permanente de investigación
y cuestionamiento por parte de los docentes y los estudiantes.
Así, el conocimiento no es un cúmulo de datos
aislados que pasan, por así decirlo, del profesor al
alumno, sino el producto una actividad conjunta, dinámica
y con sentido, cuyo origen se encuentra en la formulación
de preguntas generadoras en las que están en juego
quién las hace, por qué y para qué. De
este modo, la actividad del docente, tanto fuera como dentro
del aula, consiste en orientar su aprendizaje y el de sus
estudiantes, de tal manera que cada sesión de clase
sea un evento de búsqueda, descubrimiento y participación
para todos los involucrados.
Estas nociones pueden explicarse por medio
de una analogía. Si se entrega un lápiz a alguien
que no sabe escribir, lo más seguro es que no pueda
escribir a pesar del lápiz. No conocer la gramática
elemental de su lengua sería el sentido más
básico de no saber escribir, de ser analfabeto. Pero
el individuo puede ser analfabeto funcional, es decir, puede
saber leer y escribir y, sin embargo, no puede escribir sobre
algo y menos aún expresar coherentemente una idea porque
desconoce la "gramática" del pensar e interpretar
la realidad. El proceso de apropiación de esta gramática
es imposible sin la simultánea apropiación de
un mundo, de una realidad y de uno mismo. Siguiendo la analogía,
la educación no sólo debe proveer los instrumentos
adecuados para el saber en un campo determinado (en nuestra
analogía, el lápiz); también debe acercar
a los estudiantes a los conceptos mismos de la disciplina
(la gramática en su sentido más simple) y, más
aún, debe englobar tales conceptos en un mundo social
y cultural particular (el empleo creativo y adecuado del lenguaje).
Pero, sobre todo, debe convertir el saber en una necesidad
vital.
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